domingo, 3 de octubre de 2010

Agorafobia.

Voy a hablar de cosas chungas.
Agorafobia.
La ansiedad, generalmente lleva a la agorafobia. Y eso es lo que me ha pasado. Desde hace un tiempo, no hago nada sola. Estoy constantemente nerviosa, no puedo salir de casa sin marearme. Como si todo diera vueltas a mi alrededor. Una nube negra que llueve encima de mi cabeza todo el día.
Lo primero que hago, como todo hijo de vecino, un día cualquiera es despertarme y levantarme de la cama. Y ahí empieza la guerra. Me autoevalúo: Buenos días, Clara, ¿cómo estás? ¿estás mareada? ¿tienes taquicardia? Y a veces sí, y a veces no. Tengo días y días. Pero por norma, sí. Me levanto ya con esa sensación rara de que ir a desmayarme. (Bieeeeen! Eso espera cualquiera de un día normal...¬¬)
Entonces hago cosas (estoy esperando que me digan en qué universidad entro, y hasta el día 14 no me dicen nada). Me ducho, recojo la casa, saludo a mi perro, miro el correo. Todo bien. Pero también tengo que salir a comprar. Y eso ya me cuesta más. Me armo de valor y voy al súper (está a unos 100 metros de mi casa), y todo me cuesta, me pesan las piernas, hay demasiada o muy poca luz (el caso es que suele molestarme), todo es raro, pienso: Clara, te va a dar un chungo, tienes una enfermedad rara y te va a dar un flis aquí en medio). Pero me concentro y sigo, compro y vuelvo. Volver siempre es más fácil.
Pongo la mesa, como, hablo con Loreto que vuelve del instituto, hablo con mi madre, recojo la cocina, me echo una siesta. Y después viene lo más duro. Alfredo. Mi novio. Trabaja todos los días de 9 a 6, y él vive en Madrid y yo en Getafe. Y después de salir hasta los cojones de su trabajo, tiene que aguantar que yo no soy capaz de coger la RENFE, y menos quedarme allí en Madrid, TAN LEJOS (nótese la ironía) toda la tarde. Y me siento fatal. No es justo. No se lo merece. No tiene porqué soportar que no sea capaz de salir de casa e ir yo a verle.
El caso es que el pobre es un santo y viene todas las tardes. Entonces estoy con él, y a veces incluso soy capaz de ir a dar una vuelta (cerquita de casa) con él. Algún día incluso he sido suficientemente valiente como para coger con él el Metrosur e ir a Parquesur a ver una película. Y ya. Mi vida se reduce a eso. Es lo más lejos que soy capaz de ir.
Después él se va, y yo me quedo en casa, preguntándome cómo he llegado a este punto, sintiéndome inútil y estúpida porque me da miedo hacer lo que antes más me gustaba. SALIR. Hace un año y medio yo no paraba en casa. Me gustaba ir en metro a ningún sitio mirando a la gente, perderme en cualquier parte de Madrid, enamorarme de otra calle perdida. Y ahora no puedo.
Y pienso que si mi vida va a ser así siempre, va a ser un asco enorme.
Y pienso que no es justo para mis amigos.
Y pienso que no es justo para mi familia.
Y pienso que no es justo para Alfredo, que además no se hace ni una mínima idea que la rabia que me da haberle conocido hace 4 meses, cuando yo ya llevaba 8 con este bicho metido en mi cerebro sin dejarme vivir. Porque sí, estará enamorado de mi, pero si le gusto así, le hubiera encantado la Clara de antes. Era como la que soy ahora, pero con más ganas. Le hubiera enseñado todos mis rincones favoritos de Madrid, que me siguen gustando, pero no puedo llevarlo porque me da miedo salir. Nos hubiéramos ido ya a cualquier sitio en el primer tren. Me habría visto sonreír un millón de veces más, y no es egocentrismo, es que de verdad estoy más guapa sin sonrío.
Y tengo miedo. Miedo de que se harte. Miedo de no poder salir del punto en el que estoy. Miedo de seguir con insomnio, con ansiedad, con agorafobia, miedo a que esto me coma del todo y no tener ilusión por nada. Que al menos ahora soy capaz de autoconvencerme de que algún día seré capaz de superarlo. Miedo a salir, miedo a morir, miedo a vivir.

Esto no es tanto una queja como un desahogo, lo juro.


2 comentarios:

Sergio dijo...

Esas sonrisas están ahí...esas ganas de comerte el mundo se esconden por algún rincón...
Nadie entenderá como tú lo que se encierra detrás de "ese bicho que no te deja vivir"...pero tienes que ser fuerte y pensar que llegará pronto el día en que tus rincones favoritos de Madrid dejen de echarte de menos.

Tus amigos, tu familia, Alfredo...no se lo merecen...
Pero tú tampoco.

meriklimpt dijo...

La mía no es la misma historia, pero un día fue una parecida... y lo que es peor es que ahora a veces también se le parece mucho.
Supongo que es cuestión de paciencia y sacar de algún sitio ese autocontrol maldito que se empeña en irse de vacaciones cuando mas lo necesitamos!!
Un saludo, y ánimo... sobretodo muchísimo ánimo!!